Martha la CIO de Justino

“Ejecuta desde la experiencia, no a prueba y error”

Martha repetía esa frase en su mente una y otra vez. Era lo último que Justino, su jefe, le había dicho.

Iba tan absorta en sus pensamientos que chocó con alguien.

—¿Estás bien? —preguntó Luis, un viejo amigo.

—Sí… perdón por atropellarte, estaba distraída.

—¿Ah, poco? —respondió él con su característico tono irónico.

Martha sonrió con cansancio.

—Este trabajo de CIO me está consumiendo. ¿Vamos por un café? Necesito respirar.

Luis, hoy director de producto, la conocía desde la universidad. Había migrado al mundo comercial, pero mantenía intacta su capacidad de escuchar.

Caminaron unos metros y Martha se desahogó:

—Casi no duermo, los proyectos se acumulan, todo es urgente, todo es importante. Siento que no puedo más… pensé en renunciar.

Luis la miró con sorpresa. No sabía qué decir.

Pero Martha siguió:

—Fui con Justino. Me dijo algo que no me quito de la cabeza:

Ejecuta desde la experiencia, no a prueba y error”.

—¿Y qué significa eso para ti? —preguntó Luis.

—Que tengo que dejar de querer resolverlo todo sola. Que hay gente que ya recorrió este camino. Que sí se vale cometer errores… pero nuevos, no los mismos de siempre.

—Tiene todo el sentido del mundo, ¿cuál es el problema?

—Que no sé a quién acudir.

Ambos guardaron silencio. El problema era claro. La medicina también. El reto era encontrarla.

De pronto, una voz chillona interrumpió el momento:

—¡Martha, Martha! —era Yesenia, una entusiasta líder de proyectos, agitando los brazos desde lejos— ¡Ayúdame, por favor!

Martha la miró. Algo hizo clic.

Sin decir más, dio media vuelta y caminó con paso firme hacia el edificio central.

—¿A dónde vas? —gritó Luis.

—¡A buscar ayuda! Ya entendí lo que quiso decir Justino.

—¿De qué habla? —preguntó Yesenia, confundida.

Luis solo sonrió.

“Ejecuta desde la experiencia, no a prueba y error”.