Esa mañana entré a la notaría, iba con una amiga, saludé y avisé que iba con el notario, que tenía una cita.
– ¿Con que abogado viene? – con un tono muy descortés
– Con el notario señorita, el Lic.
– Me refiero que abogado le atiende, señor
– No tengo su nombre señorita
– Sin el nombre, no lo puedo ayudar
Luego de un par de llamadas y tres suspiros para tener paciencia, encontré el nombre, lo anuncié y me indicaron esperar
El abogado todo lo contrario, muy amable explicó el proceso paso a paso, todo quedo claro y en orden
– Permítame unos minutos por favor, ahora pasaremos los documentos con el notario, para su firma y con eso terminamos el proceso
– Gracias, abogado
Luego de poco más de media hora, otro abogado preguntó por mi amiga
– Hola está en el tocador, no tarda
– ¿Tiene su número?
– Sí, claro
– ¿Le puede marcar?
– ¿Disculpa? Está en el baño, no tarda
– Es que el notario ya viene
– Le pido unos minutos, no la voy a interrumpir donde está
Quizá la mirada de te voy a matar, le convenció para dejar de molestar, a los pocos minutos salió mi amiga y se reunió con el notario, me pidieron que yo esperara.
En ese momento en la otra sala, una señora empezó a vociferar y me llamó la atención.
Estaba angustiada, la notaría pedía pagos en efectivo o por transferencia, no acepta pagos con tarjeta, y para colmo la red móvil es pésima en el edificio, al pagar pide se mande el comprobante por WhatsApp, no por mail, debe ser por WhatsApp (así las cosas).
¡La señora pago dos veces!
No entendía por qué el SPEI se hizo doble, pidió ayuda a la persona que me atendió, ya te imaginarás que clase de ayuda le dio
– Busque a su banco – le dijo
– La señora seguía muy preocupada
En eso, llegó mi amiga y nos invitaron a salir de la notaría 🙃