Sentado en un café, observaba el edificio de enfrente, una pared de cristal le servía bien sus propósitos, ambos edificios estaban en un centro comercial de esos importantes en la ciudad.
Al día siguiente, se presentó con un atuendo singular, se tiño el cabello y se colocó un gafete con un listón de la comunidad LGBTIQ+, sus maneras denotaban seguridad al extremo, compró dos cafés en la cafetería del día anterior
Al llegar a los torniquetes de entrada, dejó sus cafés para poder entrar, el guardia de seguridad, le miró discreto poniendo atención al listón en su cuello
– Hola, un favor guardia
– Dígame joven
– Mi gafete no abre, es mi primer día, es probable que no lo hayan activado
– No se preocupe joven, suele pasar – y le dio el acceso con el gafete de seguridad
– Muchas gracias, tenga un lindo día, mañana le traeré uno – mientras miraba los vasos con café en sus manos
El guardia solo asintió con la cabeza
Lo que siguió fue muy sencillo, entró en las oficinas, nadie le dijo nada, se sentó y se conectó a la red, un compañero le ayudó, solo tuvo que pedirlo indicando que era su primer día.
A la semana siguiente, le llegó el informe al CEO de la organización, este joven era un hacker contratado para vulnerar la seguridad de la empresa, le tomó apenas dos días, con ingeniería social logró descargar la base de datos de toda la entidad financiera, a plena luz del día dentro de las instalaciones de la entidad.
Esta historia me la contó un amigo, mientras comíamos en un restaurante, frente a las oficinas de esta entidad financiera, el hacker es su amigo y le contó como solo tuvo que observar a las personas que salían a comer, vio sus gafetes y los replicó para que el guardia no sospechara.
El resto es creatividad aludiendo a las minorías, obteniendo un trato “preferencial“.