¡Era una mañana importante, el CTO presentó primero!
Arquitectura sólida, disponibilidad arriba del 99.9%, roadmap claro.
Los consejeros asentían: todo parecía bajo control.
Entonces el presidente del consejo hizo una pausa y preguntó:
¿Qué parte crítica de la Fintech depende hoy del conocimiento de una sola persona… y qué haríamos si mañana no estuviera?
No era una curiosidad. Era un riesgo operativo.
Un segundo consejero continuó, sin rodeos: “Si la CNBV, un banco corresponsal o un auditor entrara mañana, ¿Qué decisión técnica pasada nos pondría en una posición incómoda para defenderla?”
La sala entendió que no se hablaba de compliance, sino de reputación.
La última pregunta cerró la discusión: “¿Qué estamos construyendo hoy que sabemos que habrá que rehacer en menos de 18 meses… y por qué el negocio sigue aceptando ese costo oculto?”
La deuda técnica, también es deuda financiera.
En una Fintech regulada la tecnología no solo soporta el negocio: Lo expone.
“El problema no es lo que no sabes. Es lo que sabes con tanta certeza… que nunca te atreves a cuestionar.”